Me dedico a eliminar, ante todo, lugares comunes, imágenes convencionales o cristalizadas del lenguaje. Lo que me guía a la hora de revisar lo que escribo es la idea de que cada palabra debe ser ubicada en el lugar que la estaba esperando. Tengo la intuición de que hay un lugar del poema que está esperando una palabra determinada, y entonces la busco. Por otra parte, intento que el verso, sea corto o largo, nunca pierda fluidez, así es que estoy atento a todo aquello que pueda entorpecer esa condición. De todos modos, no querría abundar en esta dirección porque podría dar la sensación de que estamos hablando de una gran obra y se trata sólo de mis poemas. En general, soy perfectamente consciente de mis errores, lo que nunca lograré del todo es saber cómo evitarlos. (JOG)

Lo único que estoy pidiéndome a mí mismo, lo único que he comenzado a pedirme y aun a exigirme, es la acción; tanto la acción de este tipo —escribir modestamente dos carillas— como la salida al mundo exterior, aunque sea caminar dos o tres cuadras para comprar cigarrillos. Debo luchar contra las fobias y contra la inmovilidad, la pasividad, sobre todo porque detrás de esta pasividad se oculta una poderosa fuerza destructiva. Sería preferible que rompiera objetos, que hiciera cualquier cosa antes que continuar en un estado insensato de espera, durante el cual nada se va a resolver, y yo voy a seguir acumulando frustración y rabia. La rabia ya no está dirigida hacia nadie en particular, salvo, creo, yo mismo. Si bien las circunstancias son un cúmulo de desastres y de situaciones desagradables, mi mala respuesta a las mismas —lenta, torpe, insegura— sólo consigue agravar esas circunstancias y complicar aún más la posibilidad de soluciones.


VIL ROMANCE


Primer largo —dirigido y no codirigido— de José Celestino Campusano que anticipa, de alguna manera, lo que veremos después en su filmografía. Algunos de los temas centrales de Vil Romance (2008) son universales: cuerpos, libertad, amor, pasiones, cultura. Campusano logra romper con el prototipo de hombre homosexual, logra darle una entidad bruta, realista y verosímil a cada uno de sus personajes. El Conurbano, nuevamente, funciona como un personaje más. Pero no es el Conurbano visto desde lejos ni justificado desde adentro: es un territorio que dialoga consigo mismo, que se constituye a partir del imaginario cultural e ideológico de sus integrantes. 




Vil romance podría ser una historia de amor con elementos del western o podría ser una historia del hampa con elementos románticos. Porque el amor se da de diferentes maneras en esta película: se manifiesta a través de una comida familiar —que puede ser cielo o infierno— o a través de un acto sexual violento que roza los límites de la ley. 

La pobreza, la naturalidad de la pobreza, es lo que corta a cada uno de los personajes. No hay trabajos ni ocupaciones pequeñoburguesas por ningún lado: es el verosímil de un territorio de la zona sur bonaerense quien determina la trama, las maneras de hablar, las reacciones. Pero no es un proceso donde lo ensayado predomina sobre lo improvisado, así como tampoco parece ser el territorio de lo improvisado por sobre el ensayo. En definitiva, en el artificio de las actuaciones del cine de Campusano reside, aunque aparezca como contradictorio, una cuestión central: la naturalidad. Todo lo que hacen y dejan de hacer los personajes, todo lo que allí se impone como puesta en escena: todo eso aparece con una naturalidad increíble, casi documental. Pero Campusano crea y dirige una ficción, un conglomerado sólido que, más allá de cualquier narrativa, nos hace pensar (sobre todo si pertenecemos a ese mundo tan ficticio pero tan real a la vez). Ni el único personaje extranjero —que introduce el juego sociológico como un tópico más— nos expulsa de este universo. Una vez inmersos en él, sólo queda dejarse llevar por un cine bruto que termina jugando y coqueteando con lo que, a simple vista, podríamos llamar ternura. 

18/06

Estoy cada día más convencido de que mi perro hace todo lo posible por hablar.