Welcome to New York

Dos párrafos sobre la nueva película de Abel Ferrara


Lo hizo de nuevo. Ferrara volvió a sus preocupaciones esenciales: el sexo (es un experto en filmar este tipo de escenas, incluso a pesar del elenco de turno), la redención —o no—, los excesos, la oscuridad. Welcome to New York (2014) narra la historia del señor Devereaux (un Gérard Depardieu impresionante), un poderoso funcionario con chances de ser el futuro presidente de Francia. Devereaux es un adicto al sexo, al igual que Dominique Strauss-Kahn, el ex-presidente del FMI, en quien está basada la película (párrafo aparte para las demenciales reacciones del propio Strauss-Kahn y su entorno). 

Devereaux es acusado de violar a una empleada del hotel en el que se hospeda en New York, tal como le pasó al viejo Strauss. Sin embargo, lejos de ser una biografía del ex-funcionario del FMI, Ferrara toma esta estructura específica porque es la ideal para plantear una serie de temas recurrentes en su filmografía. Eso es lo que sucede en esta película: se parte de un hecho real como una excusa para proponer una serie de cuestiones centrales. Ferrara habla del capitalismo, del machismo, de la cosificación, del dinero, dejando al caso judicial en un segundo plano, como si fuera éste sólo una consecuencia de un entramado más impresionante, más profundo, más cotidiano.  




Jauja

Apuntes sobre la última película de Lisandro Alonso




Si bien sigue presente ese dejar transcurrir que caracteriza al cine de Alonso, hay ciertos mecanismos narrativos que cambiaron, y en lo que respecta al argumento y las interpretaciones, me animo a decir que Jauja es un paso adelante en su carrera. Lo primero que hay que decir de Jauja es que no tiene absolutamente nada de más. El guion (co-escrito entre Alonso y Fabián Casas) no tiene desperdicio. Hay líneas que te hacen tambalear el cerebro, y eso también es gracias a cierta atmósfera estratégica que la película va generando: planos temporalmente largos, estáticos, sin diálogos y, a veces, sin personajes. 

La película juega mucho con la banda sonora y la puesta en escena. En ese sentido, una de las líneas que se podría explotar en un posible análisis, podría ser la cuestión del hombre ante la naturaleza, la inmensidad de lo enorme contra una pequeñez no admitida del ser humano en épocas donde éste parecía llevarse por delante al mundo. Encima hay tiros y una danesa hermosa en plena Conquista del desierto (no se hace explícito nunca, pero creo que está claro); hay indígenas y un comandante que, dicen, se viste de mujer; también hay perros y un palacio en Dinamarca. 

Influencias. Me fue imposible mirarla y no entablar coordenadas referenciales a cada momento. Lynch, Bergman, Borges y, sobre todo, Favio. El final denota cierta influencia lyncheana, mientras que Bergman parece asomar todo el tiempo: los planos del océano o de las rocas, por ejemplo; en ese sentido es inevitable pensar en El séptimo sello (1957), como mínimo. Y Favio hace lo mismo, sobre todo en una escena que me pareció muy parecida a una de Nazareno Cruz y el lobo (1975). 

A gran parte del público la pareció "difícil", tediosa, aburrida, pretenciosa. No importa nada de eso. Lo importante es que te hace pensar, te obliga a involucrarte, a salir del cine en silencio, sin ganas de hablar con nadie, con ganas de entender algo, cualquier cosa, y lo curioso es que quizá no importe demasiado qué es lo que hay que descifrar. Salir del cine dudando es una de las buenas maneras de salir del cine.