CONDUCIENDO DURANTE LA NOCHE


Conduciendo durante la noche,
llevo a mi padre —que duerme a mi lado—
hacia su casa. Así, con la cara distendida,
parece más joven: podríamos ser amigos
mi padre y yo;
pero tengo 24 años
un carnet de conducir
y la certeza de que todo empezó por mi viejo.
Debe haberle costado mucho tiempo
esta tranquilidad de abandonarse frente a mí.
Por eso, cuando estaciono el auto
junto a unos árboles
y lo beso en la frente estoy tranquilo:
no tenemos la culpa de ser herederos
del mismo crimen.




Fabián Casas, Tuca (1988-1990) en Horla City y otros.

LAS RATAS


«Acaso la verdad sea tan rica, tan ambigua, y presida de tan lejos nuestras modestas indagaciones humanas, que todas las interpretaciones puedan canjearse y que, en honor a la verdad, lo mejor que podamos hacer es desistir del inocuo propósito de alcanzarla.»

«¿No somos, acaso, las primeras víctimas de nuestros actos? ¿Y qué otra cosa hacemos, al juzgarlos con severidad, sino salir en nuestra defensa? De ahí que haya siempre algo irrisorio en un hombre que pide perdón. Sólo a él le incumbe perdonarse, y el perdón es subsiguiente a esa mirada escrutadora que mide, paso a paso, la distancia que ha debido franquear hasta cometer el hecho que se le imputa.»

José Bianco: Las ratas (1943)

19/05

Y yo, solitario en este hueco de la tierra
instalaré en la noche
mi cuota filosófica de animal emocionado.




J.O.G.

18/05


Antes de ser feminista, un hombre tiene que poder aceptarse a sí mismo en el papel de opresor. Si uno no se admite como tal, es imposible ser consecuente más allá del discurso. 

Hay que poder desnaturalizar, sin mayor esfuerzo, esas «miradas inofensivas», esos «piropos con respeto», esas actitudes que parecen triviales; tenemos que abandonar esa rusticidad patriarcal que adoptamos al hablar de y con las mujeres: tiene que estar presente, en todo momento, la idea de que actuamos, desde nuestro aparentemente inofensivo y natural lugar, como el jefe que nos explota o como el policía que nos maltrata. Si no aceptamos que el papel que nos ha tocado es el de oprimir a las mujeres, es imposible acompañar la lucha por la igualdad de género. 

Es necesario asumir que nacimos y nos educaron como machos: para que la mujer deje de ser lo Otro, debemos aceptar que nos beneficiamos a cada momento desde la comodidad de ser lo Uno y, a partir de este reconocimiento, combatirnos.