Los médicos dicen que es inútil intentar curar llagas incurables, y quizá por eso no actúe yo con sensatez al intentar hacer reflexionar a aquellos que han perdido desde hace mucho tiempo todo conocimiento y ya no sienten el mal que los aflige, pues eso confirma que su enfermedad es mortal. Procuremos descubrir, no obstante, si podemos, cómo se arraiga esa pertinaz voluntad de servir que podría dejarnos suponer que, en efecto, el amor a la libertad no es un hecho natural.